En italiano,
panna cotta quiere decir, literalmente, crema cocida. La
panna cotta es un clásico de la cocina del norte de Italia, un postre de textura suave y cremosa, perfecto para terminar cualquier comida y el mejor ejemplo para ilustrar aquello de que entre más simple, tanto mejor.
A mí me encanta la
panna cotta con
coulis de fresas, pero es igualmente 'memorable' con frutillas (fresas, arándanos, frambuesas, moras...) frescas: el ácido de la fruta combina perfectamente con la textura sedosa de la crema y el contraste entre sabores y colores es simplemente perfecto. Otra combinación que recomiendo es con fresas y mangos rebanados y una ramita de hierbabuena o de menta. Los italianos también la acompañan con salsa de chocolate. Y es tan rica, que por si sola se basta.
Una buena idea es preparar la crema el día anterior, de manera que pase la noche en el refrigerador. Pero si, como a mí esta mañana, el antojo no te deja esperar, entonces bastará con refrigerarla por cuatro horas
et voila!
Panna Cotta | Ingredientes para 4 porciones
2 ½ tazas de crema espesa para batir
4 cucharadas de azúcar o Splenda
½ taza de leche
2 cucharaditas de gelatina sin sabor en polvo
1 cucharadita de extracto de vainilla
Disuelve la gelatina en la leche y déjala reposar por lo menos dos minutos. En una olla pequeña cocina la crema y el azúcar a fuego mediano, revolviendo constantemente hasta que se disuelva el azúcar y comiencen a formarse burbujitas en el borde de la olla. Apaga el fuego y agrega la mezcla de leche y gelatina a la crema. Revuelve muy bien y agrega la vainilla. Sirve en cuatro souffleteras o en copas de Martini. Cúbrelas y refrigéralas por lo menos cuatro horas. Sirve con salsa o
coulis de frutas, fruta fresca o con los dos y ¡buen provecho!
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