Oda al tomate (a Neruda también le gustaba)

Habiéndose leído  mis notas recientes en las que el tomate es una constante y especialmente esta en la que confieso sin mayor empacho ser una snob del tomate, mi amiga periodista y bloggera Orquídea Sánchez-Azorín, tuvo la magnífica idea de enviarme la Oda al tomate del poeta chileno Pablo Neruda.
Siempre tan ocurrente, me insistió en que no estaba sola en este frenesí por el tomate, fruto maravilloso al que “hasta Neruda le había cantado”. Y por ahí nos fuimos, no sin comentar sus propiedades curativas, relajantes y antiarrugas y pasar revista por la españolísima Tomatina que tiene lugar el último miércoles de agosto en el valenciano pueblo de Buñol.
Orquídea también me hizo llegar un artículo publicado en la revista Cauce en 1978, en el que las autoras: Marina Alonso, Rosario Mora, María José García, María José Lucas y Ana María Velasco, relatan que Neruda empezó a escribir sus odas, gracias a la proposición que le hiciera el escritor venezolano Miguel Otero Silva, fundador y por entonces director del diario El Nacional, para una colaboración semanal de poesía.
La historia me encantó, entre otras cosas porque el tuve el privilegio de trabajar en El Nacional, uno de los tres periódicos más influyentes de mi país de origen y del que fui primero corresponsal en Nueva York, y luego jefa de Información Económica. Y aunque no conocí a Miguel Otero Silva, sí trabajé cinco años directamente con su hijo, Miguel Henrique, con quien ahora me encuentro en Twitter.
Neruda aceptó la oferta de Otero Silva con la condición de que en lugar de ser publicadas en el suplemento literario, sus odas se publicaran en páginas dedicadas a la crónica y así fue.
La Oda al tomate, forma parte de un conjunto: las Odas Esenciales escritas por Neruda cuando ya era un poeta maduro, en los años 50. En ellas retrata su visión del mundo, tomando como punto de partida las cosas más sencillas: le canta a los oficios, a las gentes, a las flores, a los frutos y entre ellos, al tomate.

Aquí les dejo entonces, la Oda al tomate.
 Pablo Neruda - Foto tomada de Wikipedia
Oda al tomate | por Pablo Neruda
La calle
se llenó
de tomates,
mediodia,
verano,
la luz
se parte
en dos mitades
de tomate,
corre
por las calles
el jugo.
En diciembre
se desata
el tomate,
invade
las cocinas,
entra por los almuerzos,
se sienta
reposado
en los aparadores,
entre los vasos,
las mantequilleras,
los saleros azules.
Tiene
luz propia,
majestad benigna.
Debemos, por desgracia,
asesinarlo:
se hunde
el cuchillo
en su pulpa viviente,
es una roja
viscera,
un sol
fresco,
profundo,
inagotable,
llena las ensaladas
de Chile,
se casa alegremente
con la clara cebolla,
y para celebrarlo
se deja
caer
aceite,
hijo
esencial del olivo,
sobre sus hemisferios entreabiertos,
agrega
la pimienta
su fragancia,
la sal su magnetismo:
son las bodas
del día
el perejil
levanta
banderines,
las papas
hierven vigorosamente,
el asado
golpea
con su aroma
en la puerta,
es hora!
vamos!
y sobre
la mesa, en la cintura
del verano,
el tomate,
astro de tierra,
estrella
repetida
y fecunda,
nos muestra
sus circunvoluciones,
sus canales,
la insigne plenitud
y la abundancia
sin hueso,
sin coraza,
sin escamas ni espinas,
nos entrega
el regalo
de su color fogoso
y la totalidad de su frescura.

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