La bendición de la familia y la amistad

Después de una semana de lluvia, ayer tuvimos un día soleado y cálido en el Sur de California. Tuvimos una feliz Navidad. Rodeados de nuestros hijos y amigos, cocinamos, horneamos y fuimos felices en la mesa y la sobremesa, haciendo fotos, disfrutando de las luces de nuestro árbol de Navidad o sentados frente a la chimenea.
Esta Navidad recibí cinco regalos muy especiales, todos relacionados con una de las cosas que más atesoro en la vida: la amistad. Siempre he dicho que los amigos son la familia que uno escoge y me considero bendecida por la amistad de mis amigos y especialmente de mis amigas, quienes han estado a mi lado en momentos cruciales y no tanto, en las tristezas y las alegrías, sin importar la distancia.
Un regalo muy especial fue el que me enviaron mis compadres Alberto y María Antonia, directamente desde de Venezuela. Una pieza de madera, de esas tablitas que uno puede encontrarse en una playa en Margarita (la isla donde nacieron y se criaron mis abuelos), pintada a mano por la artista venezolana Lissette Villamizar. La imagen es la de Santa Teresa de Ávila con su pluma, de mucha significación para mí no sólo porque Santa Teresa fue escritora, sino porque tambiés es la patrona de la gastronomía y del Ron de Venezuela.
Más que apreciado es también este ejemplar de Ron de Venezuela, el libro de Rosanna Di Turi, firmado por su autora y que con tanto cariño me enviaron dos personas con quienes no solo trabajo, sino que además tienen un lugar muy especial en mi corazón: Frank Magallanes, mi mentor en el negocio del ron, quien ha dedicado más de 40 años a la industria del Ron de Venezuela y es el presidente de Fondo para su promoción, y Lucy, su mano derecha. Por supuesto, no tengo que decir que cuando lo recibí, solté todo lo que estaba haciendo y me estoy devorando el libro! 
Otro regalo especialísimo me lo envió Dorita, desde Logansport, Indiana. Dorita es una consecuente seguidora  de Savoir Faire desde el primer día y me envió un vitral, que pintó a mano ella misma y representa la abundancia que cualquier cocinero quiere para su cocina y su mesa.
Por último, pero no por ello menos importante, no puedo dejar de comentar sobre las tres latitas, de colección, de chocolate de taza que me envió Orquídea, ávida lectora y proveedora de ideas para Savoir Faire, desde Tijuana, México. Cada latita es diferente de la otra: lleva el nombre de un estado mexicano y contiene un tipo de chocolate diferente: Tributo a Chiapas, viene con chocolate semi amargo; Tributo a Tabasco, viene con chocolate amargo y Tributo a Oaxaca viene con chocolate semi amargo con notas de almendras tostadas. Viniendo de un país cuya gastronomía acaba de ser designada Patrimonio Histórico de la Humanidad por la Unesco, ni qué decir que este es un presente sumamente apreciado en mi cocina.

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