1, 2, 3 caldo de verduras!

Nada puede ser más fácil ni más saludable. El caldo de verduras es una fuente inagotable de sabor que puede ser utilizada como ingrediente para sopas, cremas, salsas y estofados, como un aperitivo muy ligero con un poquito de cebollín picadito, o simplemente como un caldito libre de calorías, cuando hace frío. Si se le pone huevo también es fuente de proteína.
Como no soy mujer de té y me he hecho el propósito de no tomar más de dos tazas de café al día, en invierno me lo sirvo en una taza grande o en un tazón pequeño y me lo tomo entre comidas, con cebollín, ciboulette u hojitas de cilantro picadito y créanme que me mantiene calientica, satisfecha y libre de culpa.
El caldo de verduras puede hacerse con cualquier combinación de vegetales, incluyendo, siempre, uno de las familia de las cebollas (cebollas, cebollines, puerros, chalotas), algo rojo (sobre todo tomate, pero el pimentón rojo es bienvenido), algunas raíces (la zanahorias son mis favoritas, pero los nabos también caen bien), tallos (el apio es obligado) y hierbas frescas (en su mayoría de cilantro y perejil). También se puede sumar un ingrediente de la familia de los repollos (col, coliflor, coles de Bruselas o brócoli).
Se puede mantener refrigerado en botellas esterilizadas, hasta dos semanas. Una vez que se esterilizan las botellas, es recomendable mantenerlas en agua caliente para que no se rompen cuando se llenen con el caldo caliente. Además se puede congelar y conservarse hasta por un año.
Caldo de verduras | Ingredientes para dos litros
2 zanahorias picadas
2 tallos de apio picados
4 cebollines picados (cortar finamente la parte verde y reservarla como guarnición)
1 tomate
2 1/4 litros de agua
1 manojo de cilantro
Sal marina gruesa
En una olla a fuego mediano, pon el agua y todos los ingredientes, menos lo verde del cebollín y la sal. Hierve tapado por 20-25 minutos, hasta que las zanahorias estén tiernas. Apaga el fuego y deja enfriar. Desecha el cilantro. Pon el tomate en un colador fino y hazlo puré sobre el caldo. Desecha la piel y las semillas del tomate. En el vaso de una licuadora, procesa todos los líquidos y sólidos. Cuela y sazona con sal al gusto.

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