De cómo los sueños se hacen realidad o el día que Dudamel visitó Revenga

No estuve allí, pero gracias a mi trabajo para Ron Santa Teresa, tuve el privilegio de escribir dos notas de prensa sobre lo que ocurrió hace una semana en El Consejo, un pequeño pueblo en los Valles de Aragua, en el corazón de Venezuela, cuando, por sorpresa, Gustavo Dudamel, director musical de la Filarmónica de Los Ángeles, visitó las instalaciones de la recientemente creada Orquesta Sinfónica Juvenil e Infantil de Revenga.

Mientras escribo esto, escuchó el Danzón N°2 del compositor mexicano Arturo Márquez, interpretado por la Orquesta Juvenil Simón Bolívar de Venezuela o the Bolívars —como son conocidos aquí en Estados Unidos— dirigida por Dudamel.
Este mismo Danzón fue interpretado por los niños de la Sinfónica de Revenga, para, felices, mostrarle a Dudamel —quien se ha convertido en un verdadero héroe nacional en Venezuela—, lo mucho que han aprendido desde que son parte de El Sistema.
“Supuestamente me trajeron aquí para que los inspirara, pero son ustedes quienes me han inspirado”, dijo Dudamel, visiblemente emocionado, después de escuchar aquella música, mientras a más de uno en la audiencia se le escapaba una lágrima.
No solo fue el milagro de la música. También para los revengueños fue un sueño hecho realidad. En 2009, cuando se creó la Sinfónica de Revenga, la Fundación Santa Teresa donó la mitad de los instrumentos musicales y luego, en 2011, cedió su antigua sede para que allí funcionara el núcleo Revenga de El Sistema.
El mismo día en que Dudamel los visitó, donaron sillas y atriles para que la orquesta siga sonando.
Todavía recuerdo cuando en 2004, haciendo trabajo comunitario con la gente de Revenga y Ron Santa Teresa, terminamos unas jornadas de planificación estratégica en las que los revengueños definieron la visión del municipio que querían, con el Danzón N°2 sonando en un reproductor de CDs.
Entonces, el presidente ejecutivo de Santa Teresa, Alberto C. Vollmer, nos pidió que cerráramos los ojos e imagináramos, por un instante, que un día una orquesta, pero no una orquesta cualquiera, sino una orquesta sinfónica, con músicos de Revenga, tocaría esa música hermosa en la Plaza Bolívar de El Consejo. Y los invitó no sólo a soñar, sino a trabajar para hacer los sueños realidad.
El Sistema fue creado por el Maestro José Antonio Abreu hace 37 años. Hablar de El Sistema es hablar de los niños, o mejor dicho de cómo cientos de miles de niños, niños venezolanos que viven en situación de pobreza, niños que de otra manera no tendrían esperanza, están siendo rescatados a través de la música.
Como bien lo apuntó el Maestro Abreu: “El Sistema es, en esencia, un sistema social para luchar contra la pobreza, mediante el cual la pobreza física de un niño es superada gracias a la riqueza espiritual que provee la música”.
El propio Dudamel (31), es egresado de El Sistema y es sin duda el más conocido y aclamado de sus “productos”:  desde 1999 es director artístico de la Orquesta Juvenil Simón Bolívar, desde 2007 es director principal de la Orquesta Sinfónica de Gotemburgo, en Suecia, y desde 2009 es el adorado  —por decir lo menos — director musical de LA Phil.
Durante su reciente estadía en Venezuela, Dudamel también hizo realidad un sueño personal al dirigir sus dos orquestas, la Simón Bolívar y LA Phil, en su país natal, interpretando la obra sinfónica del compositor austríaco Gustav Mahler. Como parte de su Proyecto Mahler y en el marco de la serie de conciertos "Dudamel por la paz", condujo la Sinfonía N°8, conocida como “La sinfonía de los mil”, que Dudamel dirige de memoria y en la que tuvo bajo su batuta 1.400 músicos en escena.
Dudamel, Eloísa su esposa y LA Phil se tomaron un día libre para visitar la Hacienda Santa Teresa. Cuando le enseñé a mis hijos las fotos que ilustran este post (tomadas por Gregorio Marrero y Gil Montaño), me preguntaron ¿en qué idioma le habló Dudamel a Alberto mamá? ¿en español o en inglés? Y yo me dije qué ocurrencias las de estos niños míos. Ocurre que Alberto es el padrino de bautizo de Andrés Ignacio (10) y Tomás Eugenio (8). Además es nuestro héroe familiar particular y para qué negarlo, si la verdad es que estamos todos orgullosísimos de él.
Todos estos años, desde que nos vinimos a vivir al Sur de California, he visto a mis hijos extrañar a su padrino. Hasta ahora eso se ha resuelto con fotos, llamadas, textos por celular, y uno que otro abrazo en el lobby de un hotel o en un aeropuerto. Por primera vez en cinco años los vi añorar el verdor de los tablones de caña de azúcar, el olor de la tierra mojada, el imponente Camino de Chaguaramos y la Cruz de Aragua, los paseos a caballo y los buenos tiempos que pasamos en la Hacienda. Hay algo de resiliencia, de hacer las cosas bien hechas, pero sobre todo: hay algo acerca de lo que es ser venezolano en ese terruño. Yo también lo extraño.
Más acerca de Gustavo Dudamel y El Sistema en este blog:
Cuando el cielo es el límite: Un venezolano en Hollywood
Spaghetti alla carbonara, La Fenice y Diego Matheuz
Y su nombre es amor (Dudamel y Turandot en el Bowl) 

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