Por qué cocino

Porque es domingo y estoy horneando pan y mi casa huele a gloria. Porque la masa para la pizza del almuerzo está levantando serenamente en el mesón de la cocina. Porque las rúculas y las lavandas están en flor. Porque aunque estamos en invierno, hoy amaneció de primavera. Porque me siento feliz, comparto con ustedes el siguiente texto que me envió Mery Sananes, una lectora —venezolana como yo—, y que suscribo totalmente porque logra expresar lo que para mí significa cocinar:

"Todo lo que dices en la introducción a tu blog es más que suficiente razón para escribirte.
Creo en el rito de sentarse juntos en la mesa a conversar y degustar.
Creo en el rito de hacer pan y adornar una mesa para que los hijos sonrían.
Creo en la magia de las legumbres, las verduras, las frutas, los vegetales.
Creo que en las manos de todos está la posibilidad de hacer arte de la comida.
Creo que comer tiene que ser a todo color y no en blanco y negro.
Creo que además nos une venir de una tierra común, donde toda amistad pasa por un guarapito, por un dulce hecho en casa, para que siempre haya algo que ofrecer y llevar, donde la comida es un tesoro inapreciable porque aún sin recursos se hace magia.
Porque el maíz y el café y los granos se vuelven poemas en el fogón.
Y  finalmente, porque me ha gustado encontrarte.
Volveré a tus páginas a recoger tus secretos e iluminar mis mesas".

¡Gracias Mery!

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