Sal rosada de los Himalaya

Una de las cosas que me fascina de la globalización —además de poder comer mozarela de búfala de Campana, parmigiano reggiano, gruyere suizo y prosciutto di Parma, como parte de mi dieta regular— es que ahora, además, puedo sazonar mis ensaladas con sal rosada ¡de los Himalaya!

Cuando mi hijo Tomás Eugenio (8) vio esta sal por primera vez en el mostrador de la cocina, salió corriendo a contarle a su hermano que ¡Mamá trajo una sal que es rosada! Estaba tan excitado que buscamos en un mapamundi para ver dónde quedan los Himalaya y le dije que la montaña más alta del mundo, el Monte Everest, era parte de ese gigantesco macizo montañoso en Asia.
Compré la sal en Costco, por una cuarta parte del precio al que la había visto en las boutiques de delicatesen en La Jolla o Newport Beach. La etiqueta dice que se trata de una sal rica en minerales incluyendo calcio, magnesio, potasio, cobre y hierro.
Confieso que sentí curiosidad por el sabor, pero al compararla con la sal marina gruesa que uso regularmente, no aprecié mayor diferencia. Solo puedo decir que ¡me fascina el color!

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