Patrón Silver (y feliz día del tequila)


Confieso que nunca fui amante del tequila. No es nada personal. Tampoco soy amante del whisky. Ni del vodka. Me gusta eso sí, la cerveza y tengo un sueño ya no tan secreto: me gustaría catar y degustar cervezas y escribir sobre eso. Y me gusta el ron. O para ser precisa: tengo una larga historia de amor con el ron. En 1998 comencé a catar y a disfrutar del Ron de Venezuela (cuando todavía no era una Denominación de Origen Controlado), en 2.000 comencé a escribir sobre rones y desde 2007 mezclo y preparo cocteles a base de ron.

Así que cuando la agencia de relaciones públicas de Patrón Silver me contactó para sugerirme algunas recetas de cocteles a base de tequila, a propósito del día nacional del tequila que se celebra mañana en los Estados Unidos, me dije ¿por qué no? Después de todo no sólo tengo un blog de recetas, sino que me gustan los cocteles y me gano la vida escribiendo para la comunidad hispana en este país, cuya ascendencia es predominantemente mexicana.

Confieso eso sí, que di el sí con un poco de escepticismo. Asociaba el tequila con las grandes borracheras de los estudiantes universitarios, pese a que nunca experimenté ninguno de esos ratones estudiantiles porque jamás probé el tequila.

Pues estaba equivocadísima. Y acabo de descubrir que como el ron, el tequila puede ser elegante y sofisticado. Y además tiene una historia interesantísima. Buscando aquí y allá, me enteré de que está protegido por la Apelación de Origen Tequila, según la cual sólo los destilados de agave azul que se producen en Jalisco, Guanajuato, Michoacán, Nayarit y Tamaulipas, en México, son considerados y pueden ser llamados tequila.

Y hay más. Los aztecas bebían un fermentado de agave mucho antes de que los conquistadores españoles llegaran a México en 1521. Ya en el siglo XVI se producía este destilado en el área donde en 1666 se fundara la ciudad de Tequila.

Alrededor de 1600, Don Pedro Sánchez de Tagle, Marqués de Altamira, y a quien se conoce como el “Padre del Tequila”, comenzó la producción en masa de este destilado, en la Hacienda Cuisillos. Y en 1608 ya el tequila era pechado con impuestos.

En 1758 el Rey Fernando VI de España otorgó a Don Antonio de Cuervo un lote de tierras para que cultivara agave y en 1795 el rey Carlos IV le otorgó a la familia Cuervo la primera licencia para la producción comercial de tequila.

Lo demás es historia y ahora cada año los jimadores, que transmiten sus conocimientos de generación en generación, cosechan manualmente unas 300.000 plantas de agave azul.

Aunque muchas de las destilerías de tequila son empresas mexicanas independientes, las grandes marcas son parte del portafolio de las grandes empresas globales y multinacionales que controlan la industria de las bebidas en el mundo entero.

Se calcula que en México existen unas 100 destilerías que producen unas 900 marcas de tequila y al parecer el negocio seguirá floreciendo porque en 2006 había más de 2.000 marcas registradas.

Hay dos tipos de tequila: 100% agave y mixto. El tequila se embotellan en cinco categorías a saber: blanco o plata, joven u oro, reposado, añejo y extra añejo. Según la Norma Oficial Mexicana de 2006, para que un tequila sea llamado “extra añejo” o “ultra añejo”, debe haber sido envejecido por tres años en barricas de roble.

Me clavé este puñal de tequila para tener un mejor entendimiento de esta categoría, inédita para mí, una vez que recibiera mi primera botella, cortesía de Patrón. De seguidas mis impresiones sobre este destilado.

Pero antes debo decir que me impresionó favorablemente su presentación: viene en botellas hechas a mano a partir de vidrio reciclado, numeradas también a mano y con una cinta de raso que hace juego con el papel de seda verde manzana que envuelve la botella y la caja que la contiene… todo de una delicadeza que hace presagiar la calidad del líquido…

Notas de cata
A la vista: cristalino, brillante.
Al olfato: alcohol, madera ahumada, cítrico, fresco.
Al paladar: sedoso y aterciopelado, ahumado, dulce, con ligeras notas de pimienta que persisten al final.

Gracias Patrón por introducirme a los placeres del tequila.

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