Las 4 razones por las que Miss Universo es Paulina Vega

Foto Patrick Prather - Miss Universe Organization
Después del trasnocho de anoche, me disponía a publicar hoy la con la que Paulina Vega, la recién coronada Miss Universo, ganó el tercer lugar de la competencia de cocina organizada por Badia Spices, patrocinador oficial de la 63ª edición del concurso de belleza.

Pero en eso me llamó una amiga y colega periodista colombiana, quien sabiendo que, gracias a mi trabajo en Miami Diario, durante las últimas casi tres semanas tuve oportunidad de compartir y conversar con Paulina, me pidió que le dijera cuáles son, en mi opinión, las claves del éxito de la barranquillera que desde anoche es la nueva Miss Universo.

Aunque Paulina siempre estuvo entre mis favoritas, después de que vi la competencia preliminar, y pude ver a las 88 concursantes en un mismo escenario, en traje de gala, traje de baño y en sus aparatosos trajes típicos, pensé que en el minuto final quienes estarían tomadas de la mano serían Kaci Fennell, Miss Jamaica, y Diana Harkuska, Miss Ucrania, y que una de las dos sería Miss Universo.


Pero resulta que la barranquillera de 22 años, cuya abuela también fue Miss Atlántico, se alzó con la corona. Y como no todos los días tiene uno a una Miss Universo a la vuelta de la esquina, decidí extenderme aquí sobre lo que creo llevó a Paulina Vega a vencer a sus competidoras. Mañana, lo prometo, publico la receta.


Palabras más, palabras menos, esto fue lo que le dije a mi colega colombiana:


Su belleza natural. Lo que está a la vista no necesita anteojos. Cuando desfiló en traje típico, Paulina fue una de las más agraciadas. Cuando salió en bikini se comió el escenario y dejó a más de uno con la boca abierta. Y no pudo escoger un mejor traje de gala para exhibir si figura escultural. Pero además fue de las pocas participantes que lucía su cabello castaño oscuro lacio al natural y su maquillaje siempre fue más bien en tonos neutros y naturales. No importa que ahora vengan a decir que tiene carillas en los dientes (y ¿quién no las tiene en estos certámenes? me pregunto yo), o que su bronceado sea de camas solares y no de las playas de la costa Caribe colombiana (después de todo Bold Sunless Tanning fue patrocinador oficial del certamen). Esta mujer es un monumento a la belleza y punto.


Su capacidad de hacerse notar. Desde que arrancó la competencia, cada vez que aparecía, daba que hablar, sabía hacerse sentir. Cuando le tocó hacer una clase de zumba con sus 87 competidoras, no sólo se puso en primera fila donde todos los fotógrafos y camarógrafos pudieran fotografiarla y grabarla, es que además era la que mejor bailaba y derrochaba gracia y sexapil en cada paso. Cuando participó en el concurso de cocina, no sólo llegó con la receta (un bistec negro con arroz de coco y ensalada de aguacate, con la que se adjudicó el tercer lugar), sino que además habló del mestizaje en su país y de la influencia de ese mestizaje en la gastronomía colombiana. Cuando apareció en el desfile en traje de baño en la piscina del Trump National Doral, no siguió de largo como el resto de las muchachas, sino que se fue a donde estaba el DJ, le quitó los audífonos e hizo un performance y entonces uno sabía si ver a la siguiente candidata o si verla a ella. Nos dejó a todos embelesados. Sabía que en esta competencia ganaba quien más cámara robara y eso fue lo que hizo a punta de belleza, simpatía y muchas ocurrencias.


Su chispa. Paulina es colombiana y de la costa, para más seña. Es rápida en las respuestas. Tiene sentido del humor. No vuela para no enredarse con los cables, pero es un avión. En la competencia de cocina, cuando el chef  Moran le preguntó que era lo mejor de haber participado le dijo, de lo más fresca, “tú”, con esa coquetería suya que desarma (y derrite) a cualquiera. Y aunque anoche la hayan traicionado los nervios con la pregunta final (¿quién no se enreda cuando tiene las luces, las cámaras, la presión de la competencia y los ojos del mundo puestos sobre si?), de tonta no tiene nada. Ahora dicen que no es auténtica y que su simpatía es fingida. Hasta hoy me entero de que ya inventaron los detectores de falsas sonrisas y encantos.


Su competitividad. Es una persona sumamente competitiva. Mientras algunas candidatas se relajaron el algún momento a lo largo de las casi tres semanas que estuvieron entre Doral y Miami, Paulina nunca bajó la guardia. Y aunque ya la última semana del certamen ya andaban las malas lenguas tildándola de odiosa, engreída y sobrada, siempre me pareció amable, educada e incluso deferente. Cuando le pregunté por sus candidatas favoritas a ganar el certamen, dijo que muchas y como quien no quiere la soltó los nombres de tres países que evidentemente no iban para el baile, tal como habría hecho un estratega militar que en una guerra le manda al enemigo un divertimento para distraerlo y así asegurarse la batalla final. Tenía un objetivo que era ganar y se preparó y lo logró. No dejó nada al descuido ni al azar, y tal vez por eso ahora digan que su espontaneidad es calculada. Pero ya ¿a quien le importa? Ganó, que fue a lo que vino y punto.



Este post es una versión del que escribí originalmente como parte de mi trabajo para Miami Diario.

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