Denise Bidot o cuando la belleza no es asunto de tallas

Denise Bidot. Cuando en marzo pasado Louboutin anunció que había incluido dos nuevos tonos de piel en su colección de zapatos Nude —que pasó de cinco a siete colores en una gama que va desde el beige ultra pálido hasta el chocolate oscuro— no pude evitar pensar en Real Beauty, aquella campaña de Dove, que revolucionó el mundo de la publicidad en 2004 y sembró la semilla de un movimiento, cada vez más grande y sólido, espero yo, que busca que las mujeres nos sintamos cómodas en nuestra propia piel y seamos cada día una mejor versión de nosotras mismas.

Todavía recuerdo aquel aviso desplegado a doble página como si fuera ayer: sobre un fondo blanco, mujeres de carne y hueso, de todas formas y colores, descalzas y vistiendo pantaletas y sostenes blancos, recordándonos que está bien ser como somos: la antítesis de una modelo de Victoria’s Secret y lo menos parecido a esas jovencitas espigadísimas que caminan su levedad como si flotaran por las pasarelas de Cibeles, Milán, París o Nueva York.
Desde entonces, cada vez que una modelo talla plus aparece en la portada de una revista o en un comercial, o como ahora en el caso de Louboutin, o de las Barbies gorditas, con caderas amplias y muslos gruesos o simplemente petite, me viene a la cabeza Real Beauty.

Por esa campaña siempre tendré que agradecerle a Dove y Unilever: por dar ese primer paso que celebra la diversidad y ha significado que miles de mujeres en el mundo entero, que sentían que no encajaban en el ideal de mujer fabricado por la implacable industria de la publicidad y el mercadeo, hayan comenzado a quererse y a aceptarse como son.
Así que no lo pensé dos veces cuando la gente de la campaña #100PorCientoTu de Unilever me invitó a desayunar (en La Fontana, el restaurante al fresco de The Biltmore Hotel) con la súper modelo Denise Bidot, quien es de lejos una de las mujeres más hermosas que he conocido (y miren que he conocido mujeres bellas) . De su belleza exterior hablan mejor las fotos que cualquier adjetivo del que pueda echar mano para describirla.
A sus 29 años, Denise es la modelo plus size mejor pagada del mundo. Mamá de una niña de ocho años, esta top model ha hecho historia por protagonizar campañas de publicidad donde muestra segura no sólo su voluptuosa anatomía, sino también sus estrías y su celulitis. No se avergüenza y por el contrario nos inspira: cada una de esas marcas o cicatrices son parte de ella y no hay una pulgada de su cuerpo que Denise no acepte y quiera como es.
Allí es donde precisamente radica su belleza. Irradia la felicidad que da estar en paz consigo misma, sentirse bien en su propia piel y de poder mostrarse, orgullosa, como es. Y así como el amor no es un concurso de belleza, la belleza, dice Denise, no es un asunto de tallas y ella es la prueba viviente de esta afirmación.
Y aunque la campaña #100PorCientoTu de la División Multicultural de Unilever, en la que participan las marcas AXE, Caress, Dove, POND’s Suave, Tresemmè y Degree, está dirigida a los consumidores latinos milennials para quienes la individualidad y poder expresarse libremente es su signo, el mensaje de aceptación, tolerancia y diversidad que transmite es válido para cualquier generación.
A mis 55 no sólo me llegó sino que me “atrapó”, como lo hizo en su momento Real Beauty de Dove. En algún momento de nuestras vidas todas hemos sentido la presión por ser altas, delgadas, por no tener arrugas y seguir luciendo como cuando estábamos en la universidad y no teníamos hijos.
Creo que, naturalmente, con la madurez llegan las canas (que todavía insisto en taparme), las paticas de gallo (que me recuerdan lo mucho que he llorado pero también lo mucho que he reído), las arrugas (que me recuerdan lo mucho que he vivido y que nadie me quita lo “bailao”), el aumento de talla (con el que ya dejé de batallar) y la aceptación y la sabiduría para saber qué es lo verdaderamente importante en esta vida.

Que bueno que hayan mujeres como Denise y corporaciones como Unilever que nos recuerden que no hace falta llegar a los 40 o a los 50 o a los 60 para entender que lo importante es ser uno mismo y que está muy bien ser lo que somos, que está bien ser bajita, gordita, que está bien tener curvas y pancita y sobre todo que no tenemos que disculparnos por ser mujeres y ser como somos.

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